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Uno de los juegos que se me ocurrió en medio de la desesperación y el caos fue el de emparejar calcetines. No sé si sólo me pasa a mí, pero detesto todo lo que implica el lavado, secado y emparejado de calcetines. Nunca me ha gustado, pero desde que nació mi primer hijo se convirtió en un faenón. Y, ahora que ya somos una familia de cuatro, se ha convertido en una auténtica pesadilla.

Así que la solución que he encontrado para hacer más llevadero ese tema ha sido la de jugar a emparejar calcetines con mi hijo mayor, que está a punto de cumplir tres años.

Esto admite todas las variantes del mundo, es más, se puede hacer con cualquier cosa. La importancia del juego, para él, consiste en emparejar. Para mí, en emparejar la multitud de calcetines 😉IMG_1686

Yo pongo todos los calcetines en una cesta y nos sentamos en su alfombra de juego, para estar más cómodos y tener más espacio.

Al principio, era yo la encargada de escoger un calcetín y él era el encargado de encontrar la pareja. Ahora, más mayor y acostumbrado al juego, él mismo se encarga de escoger uno y emparejarlo. Es un rato que pasamos juntos jugando y que, de paso, hacemos una labor tediosa y entretenida.

Sobretodo, es muy importante (como en todos los juegos y logros que el niño vaya consiguiendo), aplaudirle siempre que nos dé el calcetín correcto o consiga una pareja. Y, cuando se equivoque, deberemos explicarle en qué se ha equivocado, dónde está la diferencia entre un calcetín y el otro.

¿Qué conseguimos con este juego?

  • Reforzamos las formas y colores.
  • Aumentamos la orientación.
  • Aumentamos la capacidad de clasificación.
  • Reforzamos la motricidad fina (y si los pliega, mucho más).

Dependiendo de la edad del niño y de sus habilidades podemos ir exigiéndole más. Además, con ello contribuimos a que adquiera un hábito importantísimo de orden y de las tareas de la casa.

¡Hasta la próxima!

Mil gracias por leer El Rincón del Peque .ES 🙂



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