En este post te muestro mi recurso desesperado para que mis peques dejaran de hacerse pipí o caca encima. En mi caso, ha merecido la pena, porque ¡lo hemos conseguido!

Soy partidaria de educar a los niños sin premios ni castigos, pero, a veces, te ves en situaciones que te desbordan y superan.

Eso me pasó a mí en junio. La teoría es muy fácil, pero en la práctica te ves en situaciones realmente difíciles.

Ya te conté aquí lo difícil que ha sido la «operación pañal» con mi peque Mayor, debido a los celos. Todavía se hacía caca encima casi todos los días, todas las noches desbordaba el pañal de pipí, mojando pijama, sábanas, protector….

En junio, de la noche a la mañana, mi pequeñín Pequeño empezó a pedir pipí y caca en el orinal, y en cosa de dos días le quitamos el pañal.

Eso sí que fue una sorpresa, con dos años y medio había conseguido controlar esfínteres de una forma tan rápida que yo estaba súper emocionada.

Pero un día se le escapó el pipí y su hermano se rió de él. Después de eso, estuvo un par de días con escapes constantes y me volvía a pedir el pañal.

Así que, como ya vi que el tema se me iba a complicar, decidí aplicar una solución de urgencia.

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Preparé un par de carteles llenos de incentivos semanales y un gran premio final. Tenían que completar dos meses sin hacerse pipí ni caca, y obtendrían los juguetes que tanto deseaban.

La verdad es que los carteles me quedaron muy atractivos.

Los hice pensando en sus gustos, que fueran totalmente visuales, para que tuvieran claro en todo momento qué estaban haciendo y por qué lo estaban haciendo.

Mis hijos pegaban una pegatina al finalizar el día y otra al levantarse, si no se habían hecho pipí. El pegar pegatinas ya era todo un premio para ellos.

Yo no sabía el éxito que iban a tener los carteles. Pero es que… ¡Fue inmediato!

Tengo que decir que, para ayudarles, desde entonces intento no darles mucho líquido antes de ir a dormir.

Al finalizar cada semana, yo les compraba el premio que ponía en el cartel (tenían la opción de cambiarlo por otro, si querían). Y volvíamos a empezar otra semana.

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Cuando ha habido algún escape he puesto yo la pegatina de la cara triste. Y al terminar la semana, han recuperado el día que tuvieran con carita triste, poniendo pegatina de premio encima (tapándola).

Y al finalizar los dos meses les compré los dos juguetes que ellos querían.

Ha sido todo un reto, una medida desesperada que yo no pensé que sería tan buena, pero desde entonces… mis hijos controlan perfectamente, van al baño cuando tienen ganas y son totalmente autónomos en ese sentido.

¡Estoy súper contenta! Y lo que es mejor: ellos también.

Están orgullosos de ellos mismos, se sienten mayores, autónomos e independientes.

Tengo que decir, que una medida de este tipo no sirve si el niño no está preparado. En mi caso, los dos estaban preparados, sólo tenían que esforzarse y concienciarse de la importancia de controlarse.

¿Tú también has tenido que recurrir a este tipo de incentivos?

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¡Gracias por leerme y hasta la próxima! 🙂

El Rincón del Peque

 



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