En este post voy a intentar ayudarte para afrontar uno de los momentos más duros: contarle a un niño el fallecimiento de un ser querido. Es difícil y la forma en que lo haces puede facilitar mucho la asimilación de la noticia en el niño. Por desgracia, hoy te cuento mi experiencia, cómo lo hemos hecho nosotros.

No sé si es un poco pronto para escribir esto, pero algo me inspira a hacerlo ahora. Será la necesidad de compartirlo contigo.

Hace unos días murió, de forma repentina, el abuelo de mis hijos: mi suegro. Era algo inesperado y fue trágico, así que está siendo duro.

Y en este post voy a contarte, por si puede servirte de ayuda, cómo lo hemos afrontado con nuestros peques.

Así que voy a contarte lo que sucedió y cómo actuamos. Ni mi marido ni yo estábamos preparados para esto, así que no habíamos allanado el camino con nuestros peques.

Te recuerdo que tienen 5 y 3 años, así que ya no es tan fácil que no se den cuenta de las cosas, sobretodo mi hijo mayor.

Así sucedió

Recibí la noticia con mis hijos y mi padre en casa (yo estaba haciendo un curso presencial online), así que después de derrumbarme intenté recomponerme para salir rápido de casa, pero sin que mis hijos notasen nada malo. Así que les dije que tenía que salir y que se iban a pasar dos días a casa de los yayos (mis padres).

No suelen quedarse a dormir fuera de casa, pero justo este mes pasado se habían tenido que quedar un par de veces en casa de mis padres porque he tenido que desplazarme muy temprano para asistir a un curso fuera de mi ciudad, y el horario de trabajo de mi marido es bastante extenso. Así que ya no era algo nuevo.

Y se fueron con mi padre a su casa contentos. Para ellos, estar en casa de los yayos es una fiesta.

Fueron unos días intensos y muy duros, así que preferimos irlos a buscar al día siguiente del entierro, ya más tranquilos, y con la idea clara de que teníamos que contárselo ya, porque sino se enterarían por ahí.

A día de hoy todavía nos van parando por la calle para dar el pésame, o para preguntar cómo estamos, cómo está mi suegra…

No hay que precipitarse en contárselo, sólo estar seguro de que puedes afrontar ese momento sin desmoronarte. Y tener en cuenta que no sabes cómo van a reaccionar, qué te van a preguntar y que tú vas a tener que dar respuesta a todas sus inquietudes de una forma tranquila y serena.

Las profes de mis peques me dieron las pautas para contárselo de una forma bonita y, sobretodo, para que fuéramos conscientes de que tardarían tiempo en asimilar que ya no verían a su abuelo, y que lo irían nombrando una y otra vez…

Esperamos un momento tranquilo, pasadas unas horas. En realidad, mi hijo mayor nos dio el inició para afrontar la conversación.

“Veo algo nuevo en la cocina” -dijo

En un jarrón habíamos puesto una rosa que cogimos de uno de los centros de flores, precisamente el de ellos, el de mis hijos… y eso lo aproveché para decirle que luego les contaría la historia de la rosa.

Así que, un rato después, cuando mi marido y yo estuvimos preparados, nos sentamos en el suelo en forma de círculo con ellos (esto solemos hacerlo a menudo para hablar en familia).

Por supuesto, no les conté la verdad, sólo una versión bonita.

Así les contamos la pérdida de su abuelo a nuestros hijos... con mucha serenidad y tranquilidad, una versión bonita para que lo entiendan un poquito mejor. Click To Tweet

Les expliqué en un tono sereno y lo más tranquilo que pude que esa rosa era una de un ramo muy bonito que le habíamos llevado a yayo de parte de ellos dos, y yayo se había puesto muy contento.

Como te habrás dado cuenta, esta parte no es del todo cierta, pero quise introducir el tema de una forma bonita. Y se me ocurrió así.

Les expliqué que yayo se había puesto muy malito y había muerto.

Sí, con todas las letras, no quise suavizar la palabra para que fueran conscientes, y para afrontarlo de frente, porque tenían que saber la verdad.

Una verdad que seguramente iban a oír muchas veces a partir de entonces.

Les dije que su abuelo se había transformado en luz y se había convertido en una estrella del cielo.

Allí estaba yayo.

Que, algunas noches, podríamos mirar al cielo y si veíamos una estrella que parpadeaba seguramente sería yayo.

Pero que ya no lo podríamos ver nunca más como lo veíamos antes. Quise recalcar esto porque me explicaron las profes que les cuesta mucho entenderlo… Entender que nunca más van a volver a ver a alguien.

Y cómo no les va a costar entenderlo, si no lo entendemos los adultos… si tiene que pasar mucho tiempo para asimilar que ya no vas a volver a ver a alguien.

Las reacciones inmediatas

Sus reacciones fueron tan diferentes como lo son ellos, por edad y por carácter.

Mi hijo mayor tardó un segundo en ponerse a llorar y echarse a mis brazos. Mi hijo pequeño se levantó y se puso a cantar y a bailar.

Intenté calmar a mi hijo mayor diciéndole que estaba con mis yayos y él entendió que eran mis padres, así que tuve que llamarlos para que hablaran con él y se quedara tranquilo.

¿Y después de eso?

Un ratito después, ya tranquilo, se fue a jugar con su hermano y estuvo como si nada.

Durante la cena estábamos diciéndonos cuánto nos queremos, en plan “te quiero más allá de la luna” “te quiero hasta el infinito” y mi hijo mayor soltó la frase “te quiero más allá del yayo muerto”, se refería, evidentemente, a su estrella.

Yo me quedé blanca.

Mi marido reaccionó enseguida diciendo: “muy bien, cuánto nos quieres”.

Y entonces apuntillé que estaba muy bien, pero que quedaba más bonito decir “la estrella de yayo (su nombre)”. Y quisieron asomarse a ver si veían la estrella.

Durante unos días estuvieron nombrándolo muy frecuentemente. Mi hijo pequeño lo expresaba a grito pelado en plan pregón, en plan canción… y donde fuera y a quién fuera. Mi hijo mayor era más comedido, pero lo decía en momentos puntuales “yayo está muerto” “ya no vamos a volver a ver más a yayo”.

Según me explicó la profe de mi peque pequeño esa es la forma que tienen de asimilarlo, decirlo en voz alta.

Después de esos primeros días de asimilación todo se calmó.

Mi hijo mayor no ha sentido la necesidad de hablar de ello conmigo, y yo, sutilmente, le he dado pie en muchas ocasiones.

En casa hemos seguido nombrando a su abuelo con naturalidad. No hemos dejado de nombrarle.

Mi hijo pequeño hace un par de días le preguntó a mi suegra que cuando volvería yayo. Ella le dijo que estaba en el cielo y que no se podía llegar. Él respondió que con una escalera muy grande… y justo en ese momento llegó mi marido. Mi suegra estaba a punto de echarse a llorar.

Supongo que vendrán más preguntas, más frases lapidarias (mi hijo pequeño asoció la muerte también con su otro yayo y se lo iba diciendo), pero creo que lo están asimilando bastante bien.

Sobretodo, hay que dejarles que expresen lo que sienten y de la forma que ellos pueden o saben hacerlo.

Quizás no es la forma que tú esperas, y a veces según qué comentarios te remueven y pueden hacerte sufrir, puede que les dé por portarse mal, pero lo importante es que tú le tranquilices, le reconfortes y le hagas sentir lo más tranquilo que puedas, a tu lado.

Espero que no te toque vivir una situación así, pero por si acaso… te dejo mi experiencia, por si te puede ayudar. Aunque, ya sabes, cada niño es un mundo, y cada persona también.

 

Un beso enorme y hasta la próxima,

 

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