Y al final, ir con mi peque para que le hicieran la prueba del sueño resultó ser toda una aventura. Y aventura de las buenas, para hacerla más emocionante. En este post te explicó en qué consiste la prueba del sueño y por qué se la hicieron.

Queriendo o sin querer, tengo la virtud de hacer una aventura de las cosas que pueden asustar asustar a mis peques.

Mi forma de no preocuparles con temas relacionados con los médicos y/o hospitales es normalizando la situación y dándole un toque de diversión.

Así que, cuando por fin nos llamaron para hacerle la prueba del sueño, quise hacer lo mismo.

Eso, y que como el hospital donde se la hacían está a dos horas y media de viaje y teníamos que entrar a las 22 horas y salir a las 7 de la mañana… pues pensé que sería mejor ir en tren que en coche, ya que a mí me tocaría conducir prácticamente sin dormir.

Y ahí empezó nuestra aventura.

Mi peque nunca había viajado en tren, así que puedes imaginar la ilusión que le hizo. Su expresividad fue máxima desde que entramos en la estación. Y la verdad es que el viaje se nos hizo cortísimo.

Pero justo en la parada de antes de nuestro destino hubo un fallo en el sistema de aviso de las paradas y avisó como que ya era nuestra parada.

Me levanté corriendo con mi hijo pensando que me había despistado, otra mujer también. Bajé al andén y vi que no era, mi hijo estaba arriba (en el tren) con la mujer y las puertas se cerraron atrapándole el brazo, y yo en el andén. Menos mal que la mujer tuvo reflejos y apretó el botón para abrirlas, sujetando a mi hijo.

Yo, asustada. Mi peque, un valiente. La mujer, sensacional. Y se me cayó entre las vías del tren un foulard nuevo… y no lo cogí, claro. Subí al tren.

Al momento llegó el revisor para avisarnos de que había un fallo y estaba cantando mal las paradas… ¡A buenas horas!

¿Y por qué no has cogido el pañuelo, mamá?

Porque no podía, cariño, porque aunque esté ahí al alcance, si el tren se pone en marcha…

Como pude, se lo expliqué. Y aproveché para explicarle que si alguna vez le pasa algo así, algo se le cae en las vías del tren, la carretera, un río… no vaya a cogerlo, por mucho que le guste.

No sé hasta que punto lo entendió… tiene 5 años.

Eso me hizo reflexionar sobre algo importante: debemos bajar o subir siempre juntos. Porque… ¿y si no hay ninguna mujer que aprete el botón? ¿Y si el tren se va con mi hijo solo y yo en el andén?

Sí, yo gritaría, llamaría, pero… ¿quién le quita el susto a mi hijo?

No. Eso me hizo reflexionar mucho. En la medida de lo posible, siempre con ellos, a la vez.

Y aproveché también para explicar a mi hijo que si alguna vez se queda solo, avise al revisor.. Tiene que buscar ayuda en el señor revisor.

Y llegamos al hospital

Las instrucciones habían sido claras: que fuera con el pelo recién lavado, cenado y con un pijama. Sólo podía venir un acompañante.

Consulta de neurofisiología. Y allí nos atendió la Doctora Neurofisióloga.

La verdad es que majísima desde un principio, empática en todo momento con el peque, cariñosa y muy atenta también conmigo.

Nos hizo entrar en un cuarto pequeño, decorado con dibujos y muñecos infantiles (algo que me gustó mucho, pues esperaba una sala más fría por lo que me habían contado).

La doctora súper dulce con el niño, le hacía preguntas e intentaba que la situación dejara de ser extraña para ser emocionante. Algo que me gustó mucho. Su trato hacia él, y hacia mí. Porque también fue muy cariñosa conmigo.

Y empezó a ponerle cables. Un cable por aquí, otro cable por allá… Mientras nos iba haciendo preguntas sobre temas médicos.

¿Por qué le hicieron la prueba del sueño?

Pues porque, a veces, tiene alguna apnea.

No sé si te ha pasado, pero por si acaso, te digo cómo lo he detectado yo. Porque, para serte sincera, en mi ignorancia, tardé en darme cuenta de que eran apneas.

Son interrupciones de la respiración. No notas nada, sólo que de repente hace como una inspiración muy fuerte. Es como un intento de recuperar todo el aire que no se ha inhalado.

Mi hijo suele tener siempre la nariz llena de mocos secos, por dentro. A veces se ven, y otras no, porque están profundos. Y sangra mucho. Rara es la semana que no tiene un sangrado de nariz.

Entonces, por la noche, a veces ronca, no duerme bien y su respiración es ruidosa.

Ya te he contado en algún post lo mal que duerme, puedes leerlo en los post ¿Y por qué no duermes? (2ª parte)y Terrores nocturnos en los niños: qué son y cómo actuar. Así que, aunque no duerma conmigo, y duerma en otra habitación, yo lo oigo.

Ya sabes, ese sentido excepcional de madre que hace que dormidas oigamos hasta cómo se mueven en la cama nuestros retoños. Y bendito sentido.

Pues debió ser a la tercera pediatra que se lo comenté cuando lo miró y ¡oh, milagro! me hizo caso. El niño tiene la mandíbula y paladar muy estrechos, así que me dijo que era probable que tuviera vegetaciones y hubiera que operar.

Así que nos derivó al otorrinolaringólogo.

Y muchos meses después la otorrino lo miró por encima y determinó que había que hacerle la prueba del sueño (sin más explicaciones, ya me explicaría en la siguiente visita).

Bueno, lo de la siguiente visita al otorrino ya te lo explicaré en otro post, porque eso es otro cantar… y tiene su cosa también.

Así que por eso solicitaron una prueba del sueño para él: porque por la noche, a veces, tiene respiraciones interrumpidas.

Con la prueba del sueño los neurofisiólogos analizan todos los parámetros y comportamientos durante el sueñoHaz click para twittear

¿Y en qué consiste la prueba del sueño?

Pues en nuestro caso (y creo que en la mayoría de casos así es) consiste en ir a pasar una noche al hospital, para dormir concectado a una máquina en la que analizan todos los parámetros del sueño.

Le pusieron cables por toda la cabeza, en el pecho por la zona del corazón y en el dedo.

Lo del dedo fue muy gracioso, porque lo tenía vendado y tenía una luz que se encendía… parecía E.T.

Durante la noche analizan las distintas fases del sueño, los despertares, las interrupciones de la respiración, los movimientos corporales, la posición en la que duerme…

Tengo que decir que esa noche durmió bastante bien (qué casualidad), y no tuvo ninguna interrupción del sueño de la que yo me diera cuenta. Sin embargo, la doctora me dijo que había tenido alguna apnea, pero nada importante.

Sí me dijo que era relevante cuando le comenté que había sufrido cuatro convulsiones febriles. Y se extrañó de que no le hubieran hecho ninguna prueba neurológica.

No, nunca lo consideraron necesario. Sí le examinaban bien después de cada convulsión.

Por la mañana, a las siete de la mañana vino la doctora y le quitó los cables (por cierto, requirió también bastante tiempo para quitarle todo). Nos dijo que en quince días tendría los resultados nuestra otorrino, y marchamos a desayunar… con un frío que pelaba. Era marzo.

En agosto, después de numerosas llamadas, solicité la derivación al otorrinolaringólogo del hospital donde nos hicieron la prueba del sueño, harta de esperar cita.

El pediatra que nos derivó me entregó el resultado de la prueba del sueño y me comentó que el resultado era bueno. Había tenido alguna apnea, pero no era neurológica, sino a consecuencia de una mala respiración.

¿Y cómo duerme mi hijo?

Pues a parte de tener despertares casi todos los días, duerme moviéndose mucho. A veces más, a veces menos.

Y busca una posición rara y que a cualquiera nos resultaría incómoda, que es con la cabeza boca arriba y la barbilla más alta que su cabeza (como si tuviera algo debajo del cuello que le levantara esa zona).

Yo siempre le voy recolocando. Intento que duerma con almohada debajo para que la posición sea mejor, pero él cambia la postura.

El día de la prueba del sueño también, eso llamó la atención de la neurofisióloga. Dijo que se movía muchísimo y que buscaba esa posición, seguramente para respirar mejor.

¿La solución?

Después de casi tres años estamos a punto de encontrarla… te la cuento en otro post, porque mañana tenemos una cita médica en la que nos dirán algo concreto.

 

Y si ahora te preguntas por el viaje de vuelta, te diré que fue todavía más aventura… cogimos tranvía, un tren de cercanías antiguo (de esos pequeños, que no tienen visor, que no avisan de las paradas y que se mueven más que una atracción de feria) y luego un autobús.

Así que tardamos en llegar a casa lo que no está escrito, el viaje salió carísimo, pero… fue toda una aventura muy divertida 😉

 

¿Habías oído hablar de la prueba del sueño? ¿Cómo duerme tu peque? ¿Te suena algo de lo que te he contado?

 

Mil gracias por leerme y hasta la próxima

 

 

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