Alzheimer, esa palabra tan rara que implica tanto.

Pero con amor todo es más fácil.

El otro día escuché a alguien decir que la fuerza más grande que tenemos es el amor. Y es verdad. El amor es el que mueve todo, y sin amor, todo se va a la mierda.

Hace unas semanas el curso de mi peque mayor (que está en P5) hicieron una salida muy especial. Fueron a un centro donde trabajan con personas que padecen alzheimer.

En el cole, este trimestre están trabajando el proyecto sobre el cerebro (apasionante, por cierto), así que pensaron que era una idea maravillosa enseñarles que había personas con enfermedades cerebrales, y el alzheimer es una de ellas.

Así que hicieron la salida para que los niños vivieran esta realidad, y vieran cómo las personas trabajan allí.

Tengo que decir que a mí me pareció una idea preciosa. Preciosa por el contenido y preciosa por lo que iban a vivir allí, tanto los niños como las personas enfermas.

Educar en el respeto y el amor, para contigo mismo y para con los demás... educar en la empatía y comprender y convivir con enfermedades como el alzheimerHaz click para twittear

Antes de ir, prepararon en el cole un regalito muy especial. Un regalito de los que llegan al alma, con corazón. Bajo el lema “Un beso nunca se olvida” prepararon un mural con los besos de todos los niños. Quedó precioso. Tengo la foto, y me encantaría compartirla contigo, pero no puedo por mantener la privacidad de todos los niños (incluido mi hijo).

La profe nos envió el enlace a este cuento que merece la pena que veas, y se lo puso a los niños en clase.

Aunque a mí me entristece mucho, por los estragos de esta enfermedad, y sobretodo de cara a los seres queridos. Este pequeño cuento termina transmitiendo algo imprescindible: el amor.

Soy de las que piensan que las personas, aunque enfermas, sienten igual. Sienten los besos, las caricias, las palabras aunque no las entiendan… sienten el amor que les das. Quizás no recuerden quién eres tú, pero saben que eres alguien importante, alguien a quien quieren y que las quiere.

Eso sentí yo con mi abuela. Ella no tuvo alzheimer, pero sí demencia senil, que viene a ser muy parecido.

Yo lo viví de una manera paulatina y normal, mi abuela estaba así, pero seguíamos riendo y haciendo cosas juntas. El tiempo iba pasando y cada vez podíamos hacer menos… hasta que no pudimos hacer nada. Pero igualmente fue bonito, porque había amor.

Mi madre supongo que lo vivió de otra manera, ella era adulta y yo una niña cuando mi abuela empezó a olvidarse de las cosas, de los nombres… Pero no importó, como en el cuento, ella seguía siendo su madre y mi abuela. Y hubo amor y todos los cuidados del mundo hasta el último día de su vida.

Y eso es lo que quiero transmitir a mis hijos, lo mismo que mis padres me han transmitido a mí.

Por eso, esta salida, especialmente me tocó el corazón.

Bueno, tocó el corazón de todos. Porque las profes salieron emocionadas, los niños salieron emocionados, impactados, los cuidadores estaban emocionados porque nunca habían ido niños allí (¿nunca?), y los enfermos pudieron sentir el cariño y la presencia de los niños.

Mi hijo me explicó que los abuelos estaban jugando a cosas, y que habían algunas que eran muy chulas, que no se acordaban de nada porque las neuronas no hacían bien las conexiones.

Ahora, cuando alguna vez hemos pasado por allí siempre se acuerda de ellos.

Creo que es bueno concienciarles de esta y de todas las enfermedades que padecemos las personas. Todas con amor se llevan mejor.

Se olvidan muchas cosas, pero los besos no se olvidan.

No sé si tu peque está en contacto con algún familiar enfermo, o si también hacen salidas de este tipo en el colegio… para mí, poner en contacto a los niños con personas enfermas me parece muy importante, para todos.

¿Me cuentas tu experiencia?

Un beso y hasta la próxima,

 

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