Ya me hubiera gustado a mí poner otro título a este post, pero es que me ha salido del alma, de verdad. Y ahora te cuento por qué. Hoy te voy a explicar por qué hemos tenido que ir al otorrinolaringólogo y por qué ha sido una odisea. Este post tiene relación con la prueba del sueño que le realizamos a mi peque y que ya te expliqué. Ahora viene la segunda parte: la odisea.

Hace dos o tres años (ya no lo recuerdo muy bien) que mi hijo empezó a tener la nariz casi siempre con mocos secos por dentro, sangrar con frecuencia y respirar mal.

Su posición para dormir no es la correcta, ya que duerme boca arriba, con la boca abierta y la cabeza inclinada hacia abajo (como si tuviera algo debajo del cuello que lo levantara).

A veces ronca y, a veces, noto como unas breves interrupciones en la respiración (me doy cuenta cuando inhala de repente mucho aire, de forma sonora), eso son apneas.

Suele despertarse con frecuencia, y su sueño es pésimo. Se despierta muy cansado y hemos sufrido terrores nocturnos y un par de episodios de sonambulismo.

Tenemos un completo en cuanto a dormir, sí.

Durante este tiempo no es que yo no me haya preocupado ni se lo haya comentado a nadie, no, qué va.

Se lo he comentado a varios pediatras o médicos, pero sólo la última prestó atención a ello. Le miró la mandíbula y el paladar y me dijo que lo tenía muy estrecho y que tenía pinta de que tuviera vegetaciones. Que seguramente habría que operarle.

Fue ella la que nos derivó a la otorrinolaringóloga que por territorio nos correspondía.

Ya se sabe, aquí lo bueno se lo llevan las grandes ciudades, para todo, pero especialmente se nota en lo referente a salud. Pacientes de primera, de segunda y de tercera.

Lo siento, pero es así… existe mucha desigualdad entre comunidades autónomas, y mucha desigualdad dentro de la propia comunidad, dependiendo de dónde residas (esto me daría para otro post… que igual escribo algún día).

No recuerdo cuánto tiempo tuvimos que esperar a que nos dieran cita, pero fueron meses, muchos meses. Y cuando llegamos allí me di cuenta de que la otorrinolaringóloga ni siquiera era de niños, era de adultos. Después de unas dos horas de espera lo miró en cinco minutos.

Sí, no perdió tiempo y fue bastante seca.

Me molestó, pero fue tan rápido todo que no me dio tiempo ni a reaccionar. Tenía prisa por quitársenos de encima, supongo que ella pensaba en todo el retraso que llevaba, pero… ¿y nosotros que también habíamos estado esperando mucho?

Nos derivó para hacer la prueba del sueño y que después ya hablaríamos. Así, eso fue todo lo que me dijo y sin mirarme ni a la cara.

A los tres o cuatro meses le hicieron la prueba del sueño.

Ya te conté en qué consistía y todos los detalles en el post Con mi peque en la prueba del sueño que, además, fue toda una aventura por ser nuestro primer viaje en tren.

Una vez hecha la prueba del sueño estuve esperando la cita para los resultados y que lo valorara la otorrino… ¿cinco meses? Después de varias llamadas a Atención al Paciente donde me atendieron bastante mal (eso suele ser lo normal en ese hospital), decidí que ya no quería que nos visitara esa otorrino ni ese hospital. Me cabreé.

Así que, como tenemos derecho, comenté al pediatra que quería que nos derivase a un otorrinolaringólogo del hospital infantil de referencia en nuestra comunidad autónoma.

Un mes después estábamos en la consulta de un otorrinolaringólogo infantil que lo miró detenidamente y le pasó una sonda con cámara por la nariz para comprobar el estado de las vías respiratorias.

Si un niño no respira bien, sangra mucho, pronuncia mal... Algo tiene ¿no? Por desgracia, no todos los profesionales de la salud pierden tiempo hacer su trabajoHaz click para twittear

El trato fue buenísimo, con mucho cariño hacia mi hijo, y lo miró muy bien, con tranquilidad.

Y el diagnóstico fue el siguiente:

No tiene vegetaciones para operar. Su problema es que tiene la mandíbula y el paladar estrechos, así que dijo que lo llevara a mi dentista para que lo valorara porque habría que ponerle un aparato. Yo le comenté que a qué dentista (esperando que lo cubriese la Seguridad Social) y me dijo que si quería lo mandaba al especialista en maxilofacial para que lo valorase, del mismo hospital.

Y así lo hicimos. Una semana después lo vio el cirujano maxilofacial infantil. Y estas fueron sus valoraciones al segundo de mirarle la boca:

  • Tiene un diente de más en la parte superior
  • La parte superior de la mandíbula no se está desarrollando bien, por lo que el niño no respira y no pronuncia bien (si me sigues en Instagram habrás notado que su pronunciación no es muy buena).

 

 

¿La solución?

Buscar un dentista (de pago) y ponerle un aparato que vaya agrandando la mandibula para que se desarrolle bien y corrija estos problemas (externamente se verá como si llevara brackets).

Una pasta gansa… vamos.

Y que no me importa porque es por su salud, y su desarrollo no tiene precio. Pero sí me cabrea la poca cobertura que tenemos en sanidad.

También me dijo que siguiera revisándolo el otorrinolaringólogo, así que ya no sé si no tiene muy claro cómo evolucionará o es para asegurarse.

 

¿Qué más me cabrea de todo esto?

  • El tiempo que llevo diciéndoselo a unos y a otros (pediatras) y que no hacían caso
  • Que nadie se hubiera dado cuenta de que tenía un diente de más cuando yo ya comenté que uno le salió más tarde, y sobretodo porque cuando se cayó y se hizo mal en los dientes lo llevé al dentista del centro de salud. Esto lo conté en el post Caídas, golpes y heridas en los niños
  • El trato de la otorrinolaringóloga del hospital que nos corresponde por localidad
  • La demora eterna en la siguiente cita
  • La mala atención de Atención al Paciente
  • Que la seguridad Social no cubra estos problemas de desarrollo en niños y luego hagan mucha publicidad sobre campañas para concienciar a los niños a lavarse los dientes, o de revisiones… pero ¿y los temas importantes que les afectan en su día a día?
  • Que las diferentes pediatras que lo han ido revisando no hayan visto que tenía un diente de más.
  • Pero, sobretodo, que el dentista al que lo llevé por el golpe no se diera cuenta de que tenía un diente de más.

Todo eso me cabrea… de esta odisea.

Ahora estamos ya en el buen camino, no será tan rápido como una operación de vegetaciones, pero sabemos qué le pasa.

Algo es algo… Y si estás pensando cómo yo no me di cuenta tampoco en que tenía un diente de más… pues sí, lo confieso, no le conté los dientes.

Vi que uno le salió cuando ya tenía toda esa zona de dientes, lo comenté con una pediatra o médico en alguna visita y me dijo que no pasaba nada, que se haría sitio.

Y no le di más vueltas… supongo que porque en aquel momento tenía otro pequeñín que me demandaba también muchísimo y estaba desbordada entre los dos. Es así… una de las diferentes realidades de la maternidad.

¿Te ha pasado algo parecido con tu peque? ¿Entiendes mi frustración y mi enfado?

Te espero en los comentarios y mil gracias por compartir 🙂

Besazo,

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