Desde que empezasteis a crecer en mi interior, me propuse protegeros y quereros al máximo. Algo no sabía, y es que la protección, a veces, no sólo es contra las agresiones externas… La protección tiene que ir más allá, porque el entorno, a veces, no es consciente del daño que producen sus actos.

Y ahí empezaron los cambios… al nacer vosotros, mis dos tesoros.

Primero uno, y veintidós meses después, el otro.

Es difícil escribir esto sin hacer daño, y no lo pretendo, pero para mí fue y sigue siendo muy duro, a día de hoy, criaros de una forma fácil, sin tener que estar constantemente justificando lo que hago, sin tener que estar mediando para que otras personas no interfieran en vuestra educación o crianza. O simplemente no os hagan daño con comentarios que, muchas veces, están fuera de lugar.

¿Y de qué os tengo que proteger?

De un amor de boquilla… mal entendido, mal plasmado o mal amado.

El amor no lo entiendo como lo entienden otras personas, y eso me ha costado un mundo, un sufrir. Y entonces tengo que protegeros, porque soy vuestra madre, y vosotros estáis por encima de todas las cosas, incluso por encima de mí.

Para mí, el amor es tiempo. Empezamos por ahí.

El amor no es llenaros de regalos, ni de chucherías… no es una campaña de marketing ni una competición para que tengáis claro quién os da qué. No, lo siento, esto me enfada.

El amor es tiempo, dedicación y cariño.

El amor es poner a la otra persona por encima de tus necesidades.

Y mi esperanza, aunque ahora me desgañite, es enseñaros a distinguirlo y a valorarlo. A que llenéis vuestro corazón de este amor del bueno, del de verdad, sin materialismos ni egocentrismos.

Poco a poco aprenderéis a ver quién os da su tiempo de corazón, su ayuda y su cariño sin pedirlo, sin comprarlo. Y esa será una de mis mejores enseñanzas. Valorad a las personas por lo que ofrecen en su corazón, el resto sólo es dinero o sobras de tiempo.

Vivimos en un mundo asqueroso en el que nos venden porquería en forma de comida. Y yo me esfuerzo, me he esforzado desde que os tuve en mi interior, en alimentaros de una forma saludable.

Hubiera deseado que no os atiborrarais a chucherías, chocolates, embutidos y cosas nocivas… pero no he podido evitarlo. Y me he peleado. Me he peleado mucho.

He pataleado interiormente porque no se han respetado mis principios de crianza alimentaria con vosotros. Eso es lo más fácil. Agasajaros con cincuenta mil porquerías… lo más fácil, rápido y barato.

Sólo espero que algún día también valoréis lo que implica alimentarse de una forma sana. Y no, no es normal esa cantidad de chucherías en niños pequeños… Y así os ha ido alguna vez, detrás de toda esa ingesta han venido los vómitos… ¿Y entonces qué?

Protegeros incluso de que no perdáis la inocencia y la magia de la niñez antes de tiempo… Y enfadarme porque os tratan como si fuérais tontos, porque pequeños sí, pero no tontos.

O porque hay personas que dedican todos sus mimos a uno de los dos… por un motivo, o por otro… Eso hace daño. No sé si os daña más a vosotros o a mí, de verdad que me duele en el alma. Y yo intento frenarlo de la mejor forma que sé, a veces acertada o no…

Y en toda esa guerra que hemos tenido vuestros padres con el entorno, muy diverso y variado, vosotros habéis permanecido al margen todo lo que hemos podido. Y así debe ser. Al margen y felices. Disfrutando de vuestra niñez.

A veces os miro y veo que sois felices. Y entonces pienso que no lo estaremos haciendo tan mal…

Sólo espero que, algún día, cuando ya seáis mayores, sepáis elegir bien, tengáis salud, comáis bien y valoréis a las personas por su corazón y su esfuerzo constante.

Vivimos en una sociedad en la que se nos imponen los comportamientos y lo que tenemos que hacer o no hacer. Se nos condiciona desde que nacemos. Pero, sobretodo, cuando tenemos hijos. Ya desde el embarazo cualquier persona se cree con el derecho o la obligación, vete tú a saber qué, de decirnos cómo lo tenemos que hacer y qué tenemos que hacer con nuestros hijos.

Yo sigo siguiendo mi instinto. Dejándome guiar por quien pienso me está aconsejando bien, y desoyendo (o intentando no oír) todo el ruido que pulula a nuestro (vuestro) alrededor.

Es difícil. Así. Ya desde el principio…

Hoy es esto. Mañana serán otro tipo de peligros… y mucho mayores.

Y ahí van todos mis esfuerzos. Mis esfuerzos y los de papá para convertiros en personas con personalidad, valores, fuertes y con un gran corazón.

Feliz inicio de año…

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