Este post lo empecé a escribir hace ya unos meses… Cuando se le cayó a mi peque mayor su primer diente de leche.

El Ratoncito Pérez vino a nuestra casa… ¡Y yo que creía en la teoría de que cuánto más tardan en salir los dientes más tardan en caerse!

Pues no, con mi Peque Mayor no ha sido así… Con 5 años perdió su primer diente de leche. Uno de los dientes centrales de abajo, pequeñito, pequeñito.

Fue de repente… Por la mañana me dijo que se le movía un diente, lo miré y… sí, se le movía mucho. Por la noche se le cayó cenando.

Aunque, sinceramente, a mí me dio un poquito de pena, fue muy emocionante.

Él, con su alegría y emoción, nos contagió a su papá y a mí. Y nos rendimos al momento… porque no queda otra, nuestros peques crecen, y es maravilloso 🙂

Yo estaba convencida de que, como le habían salido los dientes a los 8 meses, pues que se le caerían más tarde. Y fue toda una sorpresa. Y, además, el proceso de caída del diente fue rapidísimo.

La ilusión de mi peque es el mejor regalo... estos momentos son los que tenemos que guardar en nuestro corazónHaz click para twittear

Papá y mamá teníamos claro que el premio que el Ratoncito Pérez tenía que traerle tenía que ser algo sencillo y modesto. Nada de grandes regalos, ni ceremonias más allá de lo que vivimos nosotros en nuestra niñez.

Pero los tiempos han cambiado, y mi peque ya había escuchado las historias sobre el ratoncito y cómo lo preparaba su prima. Así que no nos quedó otra que prepararlo y agasajarlo como a un marqués.

Así que hasta un platito de queso le pusimos, rodeado de peluches…  

Y así es como recibimos al Ratoncito Pérez dos veces en poco más de una semana. Primero un diente de los centrales de abajo, y después el otro, de los de abajo.

No veas la carita de emoción e ilusión que tuvo mi hijo al despertarse y ver lo que el ratoncito le había dejado: dos monedas y dos caramelos.

La verdad es que fue muy emocionante, cómo lo preparó todo (fue él quien preparó todo para el Ratoncito Pérez), incluso escogió el sitio, ahí, en la entrada de su habitación.

Y yo lo dejé, porque eso es lo que a él le hacía ilusión.

Por supuesto, el Ratoncito se comió casi todo el queso. Y mi hijo estaba más que feliz.

Han pasado cinco meses desde entonces, y no se le ha caído ningún diente más. No sé si esto es lo normal o no, aunque, la verdad es que tampoco me importa demasiado. Cada niño es un mundo, y cada niño tiene su ritmo.

Eso sí, como no se le está desarrollando bien la mandíbula por todo lo que te conté en el post Odisea en el otorrinolaringólogo y el cirujano maxilofacial los dos dientes están saliendo torcidos.

Pero ese es otro tema… de momento disfrutaremos de cada vez que venga el Ratoncito Pérez a casa 🙂

¿Ya ha ido el Ratoncito Pérez a tu casa? ¿Cómo lo recibís?

Mil besos,

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