¿Tenemos necesidad de sentirnos superiores a los niños, o es nuestra propia frustración la que hace comportarnos mal algunas veces?

Ya he hablado de ello en Instagram, así que si me sigues por allí… te sonará esta historia. Pero ahora voy a desarrollarla un poquito más. Porque me ha impactado, me ha hecho sentir y pensar.

Hace unas semanas estábamos haciendo la megacompra en un supermercado. La cajera estaba pasando nuestros productos por el tpv, y entonces llegó la niña que había estado justo antes que nosotros para decir a la cajera que no había aplicado el descuento.

Aunque fue acompañando a sus padres, volvió al supermercado sola. Imagino que sus padres estarían metiendo la compra en el coche. La niña tendría unos diez años.

Se lo dijo de forma educada y con timidez.

Pero lo que me hace escribir este post y me cabreó mucho en su día, fue la actitud de la cajera. Y es que ni siguiera la miró, ni siquiera dejó de pasar los productos… Y tuvo que pasar un rato hasta que le respondió de forma soberbia que “no lo había visto”.

Y luego tuvieron que pasar más segundos mientras pasaba mi compra, para decirle en voz muy baja que “ahora lo haré”.

Esa fue la frase. Literal.

La niña esperó un poquito y se fue. Yo estuve a punto de avisarla para que no se fuera, que se lo iba a descontar, pero fui demasiado prudente y no hice nada. Y, la verdad, es que pensaba que cuando la niña volviera al coche vendría su padre o su madre, para quejarse.

Pero no fue así. Regresó la niña, y otra vez muy tímida, le dijo que ya no quería los yogures.

Nosotros ya habíamos pagado. Pero me quedé allí al lado, observando la situación incrédula, haciendo como que estaba revisando mi nota.

Y es que la soberbia de la cajera me estaba crispando.

Empezó a acribillarla con un tono irritante, que por qué quería devolver los yogures, que le diera su nombre y apellidos, su domicilio… Y, claro, ahí ya no me pude contener e intervine.

¿A qué venía eso?

Le dije a la cajera que lo que estaba haciendo no estaba bien, que se estaba portando mal con la niña y que lo sabía. No es sólo lo que estaba mal hecho (como pedir esos datos), era también la actitud altiva, soberbia y prepotente que estaba teniendo con ella.

Le dije que no la tratara así, que ella sabía perfectamente que antes no había entendido que le iba a abonar el descuento, y que esos datos no tenía por qué facilitárselos para devolver unos yogures que ella le había cobrado mal. Y, de paso, le recordé que era una niña.

Fui muy correcta, y creo que fue necesario decírselo. Le recordé algo fundamental: el respeto hacia el prójimo.

Y a mí no me contrarió, ni me trató con desdén, ni nada… ¿Y por qué a la niña sí?

Y creo que la base de todo esto está en el respeto, eduquemos a nuestros peques en valores y aprendamos a respetar y a empatizar, sea niño o adulto.Haz click para twittear

¿Por qué necesitamos sentirnos superiores?

Y esto me hizo reflexionar…

Porque esa actitud fue una descarga de su propia frustración o enfado hacia otra persona, porque no podía hacerlo con un adulto y resulta más fácil descargarse contra el débil, en este caso la niña.

Estoy convencida de que a mí no me hubiera tratado así de mal. Es más, a mí no me trató mal cuando la recriminé.

Esa fue mi percepción… y me hizo pensar mucho, porque me indignó, y porque me di cuenta de que le pasa a muchos adultos… necesitan aplastar sus enfados contra los demás, y con los niños es muy fácil.

Niños que no se defienden. Niños que tienen que aprender todavía a defenderse. Y a defenderte aprendes a base de encontrarte con personas que te hacen daño.

Me dio pena y rabia… Y me hizo reflexionar sobre esa actitud prepotente que tenemos muchas veces los adultos con los niños.

¿Por qué? ¿Por qué esa necesidad de sentirnos superiores a los demás?

Y entonces pienso que, quizás, eso es producto de nuestra propia falta de autoestima y de la carencia de algo fundamental: el respeto.

Porque sin darnos cuenta, a veces tratamos mal a los demás, sobretodo a los niños. Y entonces me reafirmo en algo tan importante y básico como es la educación mediante la disciplina positiva. Educar a los niños de una forma sana, con respeto y desde el respeto. Con límites, pero con amor. Y educarlos en valores… porque sin eso, falla todo.

Y ahí van mis esfuerzos, ya lo sabes… Y me equivoco, pero como ya te comenté en el post Intentando entender a mi hijo lo importante es reconocerlo y pedir perdón. Y seguir adelante.

¿Y a ti también te ha pasado alguna situación similar? Me encantará leerte en los comentarios y, ya sabes, que tus comentarios me dan subidón y me ayudan a continuar 🙂

Mil besos,

 

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