El título del post asusta. Sí, y mucho. Puedo decir que este verano viví unas horas angustiosas, con mucho miedo. Te lo cuento en detalle en este post… porque te puede pasar a ti, bueno, a tu peque. Una caída, un golpe en la cabeza… ¿Está bien mi peque, no lo está? ¿Qué hago?

Estábamos en la piscina, sobre las siete y media de la tarde. Mi peque de 4 años iba y venía, y todo el rato se subía a la barandilla de acceso a la piscina. Buscaba el difícil reto de pasar por encima.

La altura total de la barandilla debe ser de un metro o así, él se agarraba con las dos manos y se tumbaba sobre ella para intentar cruzar.

Esa vez lo vi… y pensé, no le digas nada, déjalo… tiene que experimentar… Por eso de dejarlos crecer y ser. Yo soy una de esas personas que ven el peligro en todos los lados. Y esa vez no lo vi. Pensé que de pasar algo sería una caída sin importancia.

Y no fue así.

¿Quién iba a pensar que se giraría como un pollo a l´ast y se soltaría (esto creo que de la rapidez de la vuelta) cayendo al suelo y golpeando su cabeza en la baldosa?

Se oyó. Se oyó muy fuerte.

El golpe fue fuerte, aunque la distancia de caída no era tanta. Me asusté. Él lloró, pero no perdió el conocimiento. Esto es realmente importante.

No hubo pérdida de conocimiento, ni estaba desorientado.

Fuimos al socorrista y él le vio una pequeña marca, le pusimos hielo y en principio nada más. Porque a mi hijo dejó de dolerle el golpe, estaba bien y parecía que sólo tenía el susto.

Y estuvo bien durante un rato… hasta que al marchar de la piscina me dijo “mamá, no corras tanto que me duele la cabeza”. Íbamos de la mano y despacio. Así que me preocupé, le estaba doliendo la cabeza.

¿Te duele la cabeza? -Sí.

Le dije a mi marido de ir directamente a urgencias, al centro de salud, para que lo miraran. Yo ya estaba intranquila, nerviosa y con algo de miedo.

Mientras esperábamos en el centro de salud (que fueron sólo unos minutos) vomitó como un torbellino. Y el miedo me recorrió entera. No solo a mí, también a mi marido.

Cuando terminó de vomitar sólo quería dormir, y yo intentando evitar que se durmiera…

Lo visitó la doctora y el reconocimiento fue bueno. Respondió a todo bien, a nivel de reflejos, oscultación, palpación… Y no había perdido el conocimiento en ningún momento. Nos dijo que no lo dejáramos dormir y que si volvía a vomitar o se encontraba mal fuésemos directamente al hospital.

Cuando salimos de allí hablamos con mi marido de llevarlo igualmente para quedarnos tranquilos. LLamé a mi madre para que se quedara con mi peque mayor y pasamos por casa para cambiarnos (íbamos de piscina y mi pequeñín con los pantalones vomitados) y coger algunas cosas por si teníamos que pasar la noche allí.

Al llegar a casa (cinco minutos después) volvió a vomitar.

Tengo que decir que mi peque mayor se portó tan, tan bien… que me sentí inmensamente agradecida y afortunada. Además, esa mañana había vivido con ellos una situación de caos y había sentido que como madre algo no estaba haciendo bien… Así que verlo cuidando de su hermano y ayudándonos me reforzó enormemente.

Nos tocó esperar unas dos horas hasta que lo atendieron en el hospital. Eso me enfadó muchísimo y es algo de lo que nos quejamos la mayoría de los padres. ¿Cómo permiten que los niños hagan la misma espera que un adulto?

Era de noche, y allí estábamos esperando a que nos atendieran a un grupo de adultos, un bebé muy pequeñito, dos niñas de unos ocho años y mi hijo de cuatro años vomitando. Sí, porque se encontraba mal y allí en la sala de espera tuvimos que ir al baño a vomitar otra vez.

Y mi miedo y el de mi marido iba en aumento.

Mi hijo no había vuelto a decir una palabra desde que salimos de la piscina. Como mucho conseguíamos que nos respondiese con gestos. Tenía un rictus serio, ojeras, mal color y no tenía su alegría habitual.

Sentí que podía perderlo… Y me moría por dentro.

Cuando por fin nos atendieron volvió a vomitar en consulta y la médico llamó rápidamente al pediatra, que vino enseguida.

Afortunadamente nos dejaron tranquilos al decirnos que estaba bien.

La exploración era buena, respondía bien (sin hablar, pero hacía lo que se le pedía), no había perdido el conocimiento.

Lo que necesitaba era descansar y reponerse, sí, dormir. El cerebro había sufrido un fuerte vaivén y por eso se encontraba mareado y mal. Esto era una conmoción cerebral.

Lo dejaron esa noche en observación por tranquilidad, pero la pediatra estaba segura de que dormiría bien y amanecería nuevo y bien.

La pediatra nos explicó que ante un golpe, y siempre que la exploración sea buena, y no hayan perdido el conocimiento, necesitan dormir, descansar.

Todo lo contrario a lo que siempre había oído (y que nos dijo la médico que nos atendió en urgencias en el centro de salud). Hay que dejarlos dormir, necesitan dormir, pero tenemos que despertarlos cada dos o tres horas y comprobar que están bien.

Nos quedamos tranquilos y pasamos la noche en el hospital… Y esa noche fui yo la que necesitaba abrazarlo mucho, respirarlo y mirarlo… Mi niño estaba bien.

Pero la felicidad inmensa llegó al día siguiente cuando despertó… con su alegría infinita.

Y con una hiperactividad tremenda, se encontraba de maravilla y, para él, pasar la noche en el hospital había sido una especie de aventura maravillosa.

Después de desayunar le dieron el alta.

Eso sí, nos dijeron que ese día estuviera de reposo relativo.

Imagina lo que me costó hacer que no saltase, ni corriese… Estuvimos en casa intentando hacer actividades relajadas.

Y para serte sincera, tardé unos días en dejar de sentir miedo cada vez que saltaba, daba una voltereta o corría… Y por supuesto, no volvió a subir a la barandilla, pero ese aprendizaje fue suyo 😉

Aunque si volviera a pasar, me volvería a asustar, ahora tengo más información de lo que puede considerarse normal y lo que no ante un golpe en la cabezaHaz click para twittear

Lo que nos dijeron para tener en cuenta

  • Perder o no el conocimiento en el momento de la caída
  • Algún tipo de dolor o molestia en la cabeza
  • Vómitos
  • Cansancio, aturdimiento y ganas de dormir

Ante cualquier golpe fuerte es importante siempre ir a urgencias, pero para que no te alarmes en exceso si ves que tu hijo vomita y se duerme, te repito lo que nos dijeron a nosotros:

En las horas siguientes al golpe es normal, otra cosa sería que eso continuase en el tiempo.

Y este es uno de los sustos enormes del verano, el otro nos lo dio mi padre, pero afortunadamente en los dos casos… todo se quedó sólo en sustos, en ingresos en observación en el hospital, y en un agradecimiento infinito a la vida por seguir celebrando más días juntos.

¿Ha sufrido tu peque algún golpe fuerte en la cabeza? ¿También creías que no había que dejarlos dormir?

Agradeceré infinito que compartas tu experiencia o lo que tú quieras aquí en los comentarios del post 🙂

Y mil gracias por estar ahí y leerme,