En este post te cuento mi experiencia con mi primer parto, el de mi peque mayor. Es un parto del que no guardo buen recuerdo, pero creo que contarte cómo lo viví y sentí puede ayudarte, sobretodo porque mucho de ello depende del personal que te atiende.

Hace tiempo que quería escribir este post. Pero lo he ido dejando pasar hasta que llegara el momento en el que me viera preparada para hacerlo de la mejor forma posible.

Y el momento ha llegado. Hoy te cuento cómo nació mi primer hijo, mi hijo mayor, mi primer parto.

El aviso de que estaba de parto fue claro: rompí la bolsa.

Y la verdad es que no me puse nerviosa, todo lo contrario, estaba feliz… ¡Tenía tantas ganas de tener a mi hijo en mis brazos!

Fuimos al hospital y la primera persona que me atendió ya fue algo desagradable. Prudente de mí, cuando me preguntaba por qué había ido, yo le dije que porque salía líquido, que imaginaba que era rotura de bolsa. Y ella me respondió en tono burlesco: “claro, no va a ser pipí”.

Y esa fue su respuesta, literal, porque se me quedó grabada. Me sentí humillada.

Y es que, de verdad, con el personal sanitario, a veces, una ya no sabe cómo acertar. Porque si entras a la consulta diciendo lo que tienes, te dicen que son ellos los que tienen que diagnosticar, no tú. Y si vas prudente para que sean ellos los que diagnostiquen, recibes respuestas así.

Y créeme, no era el momento de tratarme así.

La suerte que tuve es que esa obstetra no es la que me atendió en mi parto.

Yo tenía alguna contracción pero sabía que aún faltaba mucho… Y no me equivocaba. Fue un proceso muy largo.

No recuerdo la hora de ingreso, pero sí que por la mañana me monitorizaron y me vio la obstetra (otra obstetra, no la de la noche, afortunadamente).

Estaba muy poco dilatada y no tenía contracciones de parto, era la semana 38, pero había roto la bolsa, así que como máximo podía estar 24 horas. Si no me ponía de parto de manera natural, tendrían que inducirlo.

Afortunadamente, al mediodía empezaron las contracciones de parto. Pero ya te conté en el post Contracciones irregulares… y parto  que mis dilataciones son lentas, y mis contracciones irregulares. Pero de eso me di cuenta en mi segundo parto. ¿Y por qué nadie explica estas cosas?

El parto de mi hijo mayor lo recuerdo con un grandísimo mal sabor de boca por el trato que recibí en las horas previas y durante el mismo.

Y es que no paraban de entrar en la habitación enfermeras, auxiliares, comadrona… Y todas me decían cómo tenía que ponerme, o qué tenía que hacer. ¿Y por qué no me dejaban tranquila? Yo necesitaba tranquilidad, y mi cuerpo me decía en qué posición ponerme. 

Y es que la naturaleza es sabia, y tu cuerpo te dice lo que necesitas en cada momento... sólo debes hacerlo caso. Y deben dejar que le hagas caso.Haz click para twittear

Yo buscaba las posturas en las que me sentía más cómoda, en las que soportaba mejor el dolor de cada contracción… intentando relajarme.

Hablaban y hablaban pero nadie me dio una ayuda efectiva…

Y echaba mucho de menos a mi matrona, a la del centro de salud, cómo me hubiera gustado tenerla allí. Ella sí me hubiera ayudado de verdad.

A mí sólo entraban para decirme que, si estaba en la cama, me levantara. Si estaba así, me pusiera asá… Pero es que no se daban cuenta de que ahí la única que sabía en qué posición estaba mejor en cada momento era yo. Y sí, en ese parto estaba mejor casi todo el tiempo tumbada, intentando relajarme para que las contracciones hicieran su efecto.

Intentaba abstraerme de todo, y relajarme… Y me venían a la cabeza, una y otra vez, unas vacaciones en Mallorca con mi marido, me venían los momentos de relax en la piscina del hotel… sin gente, allí, los dos solos, tranquilos… Así intentaba relajarme y dejar que las contracciones hicieran su efecto.

Ahora que he pasado por dos partos y he puesto distancia, leído y aprendido de otras experiencias… puedo decirte que yo no lo hice mal.

Aunque así me hicieran sentir, no lo hice mal. Y no tuve ayuda, eso lo tengo claro. Sólo tuve la ayuda de mi marido, que como podía intentaba ayudarme, relajarme y hacer todo lo que estaba en su mano para que yo estuviera lo mejor posible.

Ya escribí en el post Hospital amigo de los niños que ese hospital es un hospital amigo de los niños, donde facilitan la lactancia y el bienestar del bebé por encima de todo… pero creo que necesitan cuidar un poquito más a la mamá.

Y por fin… a las nueve de la noche… me bajaron para abajo. Creí que ya iba a ser algo rápido, pero no fue así.

Yo pedí epidural, lo tenía clarísimo. La matrona no estaba de acuerdo y no quería ponerme la epidural (porque es anti epidural), pero la obstetra dijo que se respetaba mi decisión, que era yo quién decidía. Y me pusieron la epidural.

La epidural redujo el dolor y las contracciones, y entonces me pusieron oxitocina. Y dolía, vaya que si dolía. Mis contracciones fueron de riñones.

Había oído hablar de ellas, pero entonces lo supe… Sentí todos los dolores de las contracciones en los riñones. Sin embargo, toda mi zona de abajo estaba dormida, totalmente dormida, no sentía nada de nada.

Y la matrona y la auxiliar me dijeron que empezara a empujar, pero apretaba mal… ¡Porque no sentía nada!

¿Cómo puedes apretar una zona que no notas?

No lo hacía bien… Pero en lugar de quedarse conmigo para corregirlo y ayudarme de alguna forma me dejaron ahí… apretando y gastando una energia innecesaria… porque no lo hacía bien.

Me sentí tan mal…

Sentía dolores y no gritaba, porque yo soy de esas extrañas personas que soportan mejor el dolor callando. Es más, cuando algo me duele mucho, ni siquiera puedo hablar.

Y allí estaba yo, sola con mi marido en aquel cuarto… de vez en cuando venían la matrona y la auxiliar, y lo único que conseguían era hacerme sentir peor, como si yo fuera la culpable de que aquello fuera tan lento.

Hoy, después de mi segundo parto, puedo decirte que no lo era. Era novata sí, pero estaba tranquila y ellas no supieron empatizar conmigo para relajarme y ayudarme de la forma que sé que se puede ayudar en momentos así.

Fueron horas las que pasé en la sala de dilatación hasta que pasamos (¡¡¡por fin!!!) a la sala de partos.

No podía ni moverme… el dolor que sentía era insoportable. Tenía totalmente dormida la zona de abajo, pero esas contracciones entrando por mis riñones me estaban matando.

Y allí volvimos a la carga, entre oxitocina y manipulaciones entre las que me rompieron una costilla de lo burra que fue la matrona… Y me entraron ganas de vomitar.

Y con desdén me dijo que eso eran tonterías mías, los nervios… Y hoy te digo que no. Así que si te pasa, es algo que a veces pasa.

Y te lo digo con conocimiento de causa porque en mi segundo parto el dolor de las contracciones también me daba ganas de vomitar.

La diferencia es que en el segundo parto la epidural hizo su efecto y tuve la mejor compañera… una obstetra maravillosa que me acompañó y me hizo sentir bien en todo momento.

No sé cuántas horas pasaron… pero mi hijo nació a las cuatro de la madrugada, mediante ventosa. Al final de todo… su cabeza no estaba bien posicionada y fue un parto instrumentalizado.

Eso es lo que más agradecí de todo… porque después de todo ya estaba deseando cualquier cosa con tal de que me lo sacaran.

Y me lo pusieron en brazos y tuve un sentimiento extraño. Me sentía mal, como si a lo largo de todo ese proceso yo lo hubiese hecho mal.

Y aún hoy sigo sintiéndome terriblemente mal de que mi hijo mayor no tuvo la mejor acogida, porque sinceramente pienso que él debió sentir mi frustración, mi agotamiento y mi decepción.

Nació con la cabeza totalmente alargada, me tranquilizaron diciendo que eso se iría… pero lo recuerdo con un mal sabor de boca… hasta que lo pusieron sobre mi pecho y empezó a mamar. Ahí empecé a sentirme feliz.

Han pasado seis años y medio de ese día… y escribiendo esto no puedo evitar emocionarme. Y es que realmente es tan importante la persona que te atiende en el parto…

Y no, no fue culpa mía que dilatara tan lentamente. Como tampoco lo fue que la epidural durmiese demasiado la zona de abajo y encima sintiese todo el dolor en los riñones. Tampoco era culpa mía sentir ganas de vomitar. Tampoco fue culpa mía que me rompiesen una costilla. Y no fue culpa mía que esa noche tuvieran cuatro partos.

No fue culpa mía… Aunque sentí que sí lo fue.

Por eso es tan importante la persona que te atiende… tan, tan importante… Si has leído mi segundo parto, habrás visto que tampoco fue jauja, también nació por ventosa, aunque por un motivo diferente… pero la obstetra me hizo sentir en todo momento bien y tranquila.

Y recibí a mi hijo de otra forma… Mi segundo parto me reconcilió conmigo misma.

Afortunadamente la mayoría de los partos no son como el mío… Y si hoy fuera, exigiría otro trato más respetuoso por parte de la matrona y la auxiliar que me atendieron ese día.

¿Y tú, ya has vivido una experiencia de parto? ¿Cómo ha sido la tuya? Y si no tienes experiencia… ¿Quieres hacerme alguna pregunta? Te espero en los comentarios del post (debajo del contenido relacionado) 🙂

Mil besos y hasta la próxima,