Una de las cosas que más les gusta a mis peques es subir al castillo, y visitarlo entero… imaginarse templarios, cómo vivían, cómo subían los caballos, cómo batallaban… Y ver la ciudad desde allí arriba. En este post te explico cómo es el castillo de mi pueblo: Monzón (Huesca)

Esta es la primera vez que escribo públicamente sobre mi pueblo, pero quería estrenar la nueva sección “PLANES” con una visita obligada si estás por la zona: el castillo templario donde vivió Jaime I unos años, durante su niñez.

Y es que si por algo se distingue Monzón es por su castillo templario (aquí podría añadir bastantes más cosas, claro, pero el castillo es atracción turística y orgullo para todos los montisonenses). Eso sí, es un castillo que para la historia que tiene se ha cuidado muy poco, se han invertido muy pocos fondos públicos y quizás, esos de allí arriba, deberían cuidar un poquito más de nuestro patrimonio (aunque sólo seamos una ciudad de 17000 habitantes).

Pero vuelvo al tema… Y el tema es que este es un plan genial tanto para niños como para adultos. Eso sí, es un plan para andar y subir y bajar cuestas sobre piedras.

¿Y por qué es un plan perfecto para niños?

Mis hijos tienen 4 y 6 años, y ya hemos estado varias veces. Y es entrar en el castillo y empezar a visionar quién habitó el castillo, qué hacían allí, cómo subían los caballos, dónde dormían los caballos, dónde se colocaban los cañones, dónde dormían los templarios y quienes lo habitaron… Para qué es cada estancia y por qué el suelo y las paredes son así.

Hacen mil preguntas e imaginan toda esa historia que les vamos explicando. Tocan y pisan las piedras, entran y salen de las estancias, se asoman y observan todo. En definitiva, se empapan de historia… y empiezan a aprender qué es la historia, y que no siempre se ha vivido como vivimos ahora. Y que no siempre se han tenido las comodidades que tenemos ahora. Y que hubo guerras, aquí donde vivimos. Guerras en las que peleaban con espadas, y disparaban cañones con bombas que no explotaban, y otras en las que el castillo sirvió de refugio, porque de los aviones caían bombas que sí explotaban y que destruían todo y que mataban.

Aprenden que las cosas hay que cuidarlas para que se conserven, que hay que respetar hasta las piedras. Aprenden a observar, y a ver que desde lo lejos nuestra casa se ve muy pequeña, y que la ciudad no parece tan grande.

Y andan, y caminan, e incluso van por sitios que no son cómodos… Disfrutan y se empapan de historia y entorno.

Un poco de historia

No voy a hacer de este post una lección de historia, pero no puedo omitir lo más relevante de su historia. El castillo tiene su origen árabe en el siglo X, y es conquistado en el año 1089 por Sancho Ramírez, y entregado a los Templarios en 1143 por Alfonso I el batallador.

Y fueron los templarios quienes construyeron las murallas que acordonaban la ciudad y que todavía se conservan algunos restos en diversas ubicaciones. También hicieron torres, caballerizas, refectorio y dormitorios… Y en agosto de 1214 llego Jaime I, niño, para ser educado por los templarios. Aquí pasó cerca de tres años.

Tras la caída de la orden del Temple, el castillo se convirtió en cuartel de artillería.

Puedes obtener más información en http://monzon.es/castillo.htm y en http://www.monzontemplario.com/

Homenaje a Guillem de Mont-Rodón

En mayo, Monzón se engalana para revivir la época templaria y realizar diversas recreaciones históricas, batallas, juegos tradicionales, mercados y desfiles medievales, subida al castillo. Una auténtica fiesta templaria que llena de alegría la ciudad.

Guillem de Mont-Rodón fue el maestre templario que educó a Jaime I durante los años que estuvo en Monzón.

Y los mayores disfrutamos, pero los niños… los niños se convierten en templarios, medievales, y en lo que quieren ser durante ese fin de semana.

Realmente, año tras año, el homenaje ha ido adquiriendo peso y cada año está más lleno de actividades y gente vestida de medieval.

Nuestros hijos van vestidos de templarios desde que eran pequeñitos, sería muy difícil evitarlo, porque la verdad es que es una fiesta para todos, pero sobretodo para los niños.

Me encanta ver cómo disfrutan con cada actividad, ver a los niños escenificando historia, y ver a las niñas cambiando estereotipos. Sí, me encanta ver a niñas jugando con espadas, y ver que los roles van cambiando, y que empezamos a dejar libertad para elegir.

¿Y después?

Después del Homenaje de Montrodón, como podrás imaginar, mis hijos se convierten en templarios durante unos días.

Y después de ir al castillo, también.

A mí me maravilla cómo se absorben, y cómo recuerdan todo, de una vez para otra. Cómo va cambiando lo que les llama la atención, porque se van haciendo mayores y porque esto es como los cuentos… que cuanto más van, más se van quedando con los detalles.

Además, todo lo que ven en su entorno y en su vida cotidiana va enriqueciendo su experiencia, aprendizaje y creatividad. Van adquiriendo recursos para aquello que quieran realizar (juegos, dibujos, cuentos, etc…).

Y lo mejor de todo, como digo siempre, son los momentos compartidos con ellos. Momentos en familia 🙂

¿Conoces este castillo? ¿Has visto algún castillo con tu peque? ¿Qué experiencias tienes? Te espero en los comentarios del blog 🙂