Las mudanzas son complicadas, y fuente de caos, sobretodo con niños. En este post te explico mi experiencia con mi mudanza y mi caos. Te cuento cómo nos despedimos de la antigua vivienda con mis peques, y te doy los consejos que me daría yo ahora a mí misma… después de mi aprendizaje 😉

Supongo que todo depende de las circunstancias. Todas las mudanzas no tienen por qué convertirse en un caos, aunque sean con niños. Pero te voy a contar cómo y por qué se convirtió en un caos la nuestra.

¿Cómo lo hicimos?

La verdad es que la compra de nuestra nueva vivienda fue algo muy rápido, y es que fue amor a primera vista. Un flechazo, vaya. Fue entrar en el piso y nos bastó una vuelta para darnos cuenta de que ahí queríamos vivir. Reunía la mayoría de requisitos que teníamos. Reunía los más importantes. Y nos encantó. Por lo acogedor, por lo bonito, por la distribución, las vistas… Sobretodo las vistas maravillosas…

Bueno, para nosotros. Para nosotros las vistas son vistas maravillosas, y para nosotros el piso es bonito.

Así que en nada teníamos las llaves de nuestra nueva vivienda.

En un principio, habíamos pensado hacerlo todo tranquilamente, arreglarlo y con el tiempo irnos a vivir allí. Y después, vender nuestra hasta entonces vivienda.

Pero cuando entramos en nuestro nuevo piso, aunque estaba todo vacío… ya nos hubiéramos quedado allí. Así que decidimos darnos prisa porque, además, teníamos pendiente la operación de mi hijo y queríamos tenerlo todo listo cuando lo operasen. Y entonces ya teníamos que estar viviendo allí, porque en el anterior piso no había ascensor.

Pero, claro, la realidad nos aplastó.

En mi otro blog Mis Pies Zambos, puedes leer todo sobre la operación y por qué operaron a mi peque.

No contratamos servicio de mudanza, ni siquiera alquilamos un furgón para transportar lo que nos queríamos llevar. Y no fue poco, porque nos llevamos la mayoría de los muebles y electrodomésticos (lavavajillas, lavadora y congelador).

Trasladamos los muebles del despacho (mesa grande, mesita auxiliar, gran librería y sofá cama), y eso lo hicimos desmontando todos los muebles (y dejando algún módulo que aquí no cabía). Y volviendo a montar en el nuevo despacho.

También trasladamos el dormitorio de los niños, con su cama nido con cajonera, su armario, su escritorio… Y volviendo a montar aquí, en su nueva habitación.

Y todo eso con nuestro coche.

Para transportar los electrodomésticos le pedimos a un primo mío su pequeña furgoneta, pero que fue suficiente.

Mi marido se cogió una semana de vacaciones, y fueron esos días los que aprovechamos para pintar, limpiar e ir transportando y montando.

Y, claro, al hacerlo así… nos vinimos a vivir al nuevo piso enseguida, porque nos dimos cuenta de que era la mejor forma de aprovechar el tiempo, y porque mientras montábamos un piso, desmontábamos el otro. Así que en ninguno de los dos estaríamos totalmente equipados. Pues en el nuevo mejor.

Y así fue. Hicimos bien.

Como tenemos un sofá cama en el despacho, dormimos allí hasta que llegó nuestro nuevo dormitorio. Y mientras, fuimos pintando, montando, tirando cosas, limpiando y organizando.

Y cuando por fin ya estábamos medio organizados, vendimos el otro piso. La verdad es que la venta fue más rápida de lo que esperábamos… Y ahí nos vino la avalancha.

El comprador tenía prisa, estábamos a un mes de la operación de mi hijo y teníamos que terminar de traer, tirar o guardar todo lo que nos quedaba allí.

¡Y madre mía lo que había!

Tiramos mucho. Mucho. Pero aún con todo, a día de hoy, todavía queda por tirar… porque acumulamos tanto… Y es que la ventaja de nuestro anterior piso es que tenía mucho espacio de almacenaje (despensa, dos trasteros, un despacho más grande, un dormitorio principal más grande, una gran cocina). Y, claro, pues llevar todo eso a un piso con los mismos metros pero sin trastero y con menos espacio de almacenaje… es complicado.

¿Y para qué ha servido todo esto?

Para darnos cuenta de que acumulamos mucho.

Para aprender a desprendernos de cosas materiales, de cosas que no utilizamos, de ropa… y de millones de objetos inútiles que guardamos por si acaso.

Y porque cada día necesitamos menos para vivir, cada día nos van sobrando más cosas y preferimos espacios más despejados.

Aunque no lo parezca, es un proceso interior y exterior relacionado: Lo que vas sintiendo por dentro lo vas provocando en tu casa, y al revés.

También hemos aprendido que, si alguna vez nos volvemos a mudar, contrataremos un servicio de mudanza que nos lo hagan todo. Porque, oye, bastante es volver a organizarte como para tener que andar desmontando, trayendo, montando, tirando, limpiando, pintando… con dos niños pequeños.

Nos ha costado mucho empezar a organizarnos, sobretodo porque en medio de todo este proceso estuvo la operación de mi peque mayor, con meses de silla de ruedas, rehabilitación… Fue complicado. Fue duro.

En cambio, la adaptación al piso nuevo fue inmediata, desde el primer instante nos sentimos en casa. Supongo que porque aunque nuestro pisito sea sencillo, es mucho mejor que lo que teníamos antes. O porque aquí estamos donde queremos estar, aunque no lo hubiéramos imaginado nunca.

¿Cómo ha sido la adaptación de los niños?

Los niños se adaptaron genial desde el primer momento.

Recuerdo el atardecer de nuestro primer día como propietarios, sentados en el branquil de una de las terrazas (mini terrazas) y que los cuatro tuviéramos el mismo deseo: quedarnos ya a dormir aquí. Deseábamos estar ya viviendo aquí, en el nuevo piso. Fue maravillosa esa sensación. La sensación de estar en casa.

Mis peques estaban tan emocionados como nosotros.

Pensé que, quizás, echarían de menos lo que hasta entonces había sido su hogar. Pero no. En ningún momento, más bien todo lo contrario. Aunque son pequeños apreciaron que el cambio era para mejor.

Ni siquiera el cambio de barrio les afectó… Y es que nosotros tampoco echamos de menos vivir allí… es extraño lo bien que nos sincronizamos con este nuevo piso. Eso sí, en verano sí eché en falta nuestro aire acondicionado (que dejamos en nuestro anterior piso) 😉

Y así nos despedimos…

Quise que tuviéramos una despedida bonita de nuestro antiguo piso, en el que habíamos vivido muchos años, y en el que, aún con todas sus carencias, habíamos sido inmensamente felices.

Creo que es importante cerrar etapas de forma bonita, agradeciendo, recordando y sintiendo.

Nos sentamos los cuatro en círculo en medio del salón y dijimos cada uno algo bonito de allí, alguna vivencia o cosa que nos gustara. Luego fuimos habitación por habitación… despidiéndonos de cada una de ellas… Y así entregamos ese piso a los nuevos propietarios, al día siguiente.

Y lo entendí. Mis hijos no estaban apegados a su casa, porque las casas son sólo eso, casas. Su hogar, nuestro hogar, es cualquier lugar en el que estemos todos. Juntos.

Y aquí estamos, en nuestro hogar. Viviendo y disfrutando aún cuando hemos estado viviendo en medio del caos. Pero felices.

Recomendaciones para una mudanza

  • Comprar cajas grandes y pequeñas (aunque alguien te diga que no compres, que ya te las traerá, mejor compra porque tendrán los tamaños adecuados y te aseguras tener cajas suficientes).

 

  • Haz una buena sesión de “limpieza”… Tira lo que no sirva, dona lo que no necesites. Deshazte de los millones de recuerdos que tienes acumulados. En mi caso tenía un montón de cajas de cartas desde que era una niña. Me despedí de cada una leyéndolas, y luego destruyéndolas en la destructora de papel. Me costó muchos días. Este proceso de “limpieza” es bueno empezarlo con antelación a la mudanza. Es más, es bueno hacerlo de vez en cuando… Es una buena forma de cerrar etapas, de recordar quién fuiste, recordar cosas bonitas y otras que no lo son pero que forman parte de nosotros.

 

  • Meter las cosas que quieras conservar en las cajas, habitación por habitación, y marcar bien cada caja, para saber bien lo que hay dentro.

 

  • Contratar un servicio de mudanza, sobretodo si quieres llevarte muebles.

 

  • En la nueva vivienda, ir habitación por habitación, empezando por lo más imprescindible, claro.

 

  • Y por último… Intentar tomártelo con calma… respirar mucho e intentar disfrutar de ese proceso, que forma parte de los numerosos cambios de la vida. Y un cambio agotador, sobretodo con niños.

 

¿Has vivido alguna mudanza con peques? ¿Algún consejo para llevarlo lo mejor posible?

Besos y hasta la próxima,