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Y aquí estoy… un viernes a las 14:30 escribiendo desde la habitación de un hotel, en Madrid.

Seguramente si estás leyendo esto y no me conoces mucho puede parecerte algo normal, pero en mi caso no es así.

No, esto para mí no es normal.

Y lo estoy disfrutando.

Este último año ha sido muy especial, y yo añadiría algo más fuerte todavía: ha sido APOTEÓSICO.

Sí, más allá de lo que se ha visto en mis proyectos realizados (blogs, podcast, cuento, presentaciones, cuentacuentos…). Más allá de todo eso, y por encima de todo eso… ha estado mi crecimiento personal.

Y en ese crecimiento he vencido miedos que me han tenido limitada una gran parte de mi vida.

Miedos que me han dejado paralizada, oculta entre mis propias líneas, entre mis propios sueños que sólo dejaba que fueran eso… sueños.

Y, de repente, un día, me convierto en madre y sin darme cuenta empiezo un camino diferente. En realidad, empiezo mi propio camino.

Luchar por mis hijos ha terminado siendo mi propia lucha. La fuerza que yo me esforzaba en darles ha sido la fuerza que ellos me han dado.

Pero yo no lo sabía.

Y poco a poco fui haciendo… hasta que llegó un momento en el que, arropada y ayudada por personas que me quieren mucho… Me lancé a vivir.

A vivir.

Te diría que a vivir sin miedo.

Pero no, el miedo seguía estando.

Pero decidí que ya no me limitaría más. Porque, poco a poco, fui entendiendo que absolutamente todo lo que me había frenado para ser, era el miedo.

Mi miedo a todo.

Así que mis hijos fueron el impulso y la fuerza que necesitaba para hacer lo que me dictaba mi corazón, sin importarme cuánto esfuerzo mental me costara.

Y así empecé a recorrer mi propio camino…

Un camino en el que he tenido la suerte de estar tan bien acompañada que me han dado la mano cuando la he necesitado y me han dejado volar sola cuando han creído que podía hacerlo.

Y he podido hacerlo.

Y en solo un año he auto-editado mi propio cuento, lo he presentado, lo he difundido, me he abierto a conocer a gente, he publicado un podcast en el que he abierto mi corazón y he permitido hacerme vulnerable.

¿Y sabes qué?

Que en este camino he ido encontrando personas maravillosas a las que abrazo con amor aunque las tenga lejos, pero que las siento muy cerca.

Y abrazo a las que tengo cerca, a las que permanecen siempre.

Y dejo ir, aún con cierta tristeza, a quién siguió por el otro camino… o cambió de rumbo.

Así es la vida… Caminar.

Cada uno tenemos nuestro camino.

Y tengo claro que este es el mío. Y por primera vez en mi vida estoy disfrutando de estos momentos.

Porque estos momentos son míos, sólo míos.

Y no los había tenido nunca.

Y esta mañana he subido al tren y he disfrutado del trayecto, y he llegado a Madrid y nada me ha impedido llegar al hotel… porque si no sé por dónde ir… puedo preguntar y siempre hay quien esté dispuesto a ayudar.

Y he llegado al hotel y la vida me ha regalado encontrarme a dos personas maravillosas a las que tengo muchísimo cariño.

[click_to_tweet tweet=”Y aquí mi reflexión escrita desde el hotel, en Madrid, el día de antes al #mbday19 Y es que llevo un año tan intenso y de tanta superación, que en este post te explico qué he aprendido, y por qué :)” quote=”Al final la vida es esto, caminar y aprender sobre la marcha”]

Mañana es el Madresfera Bloggers Day, el mayor evento de blogs, vblogs y podcast de maternidad, paternidad y crianza de España.

Y aquí nos concentraremos un montón de personas bonitas. A muchas de ellas ya las conozco personalmente y a otras cuento los minutos por abrazarlas físicamente.

Sé que hay quien no lo entiende, pero sí, a distancia y a través de las redes y los blogs se forjan amistades tan fuertes que son capaces de abrazarte en los momentos más tristes y en los más alegres.

Gritamos juntos, lloramos juntos, reímos juntos.

Hoy estoy disfrutando de estos momentos de soledad conmigo, feliz y haciéndome consciente de que soy yo, la misma persona de siempre pero más libre.

Cuando iba caminando sola por Madrid he sido consciente por primera vez de que ahí estaba yo, caminando mis pasos, sola pero feliz… Siguiendo mi camino y acompañada de los míos. Aunque hoy no estén físicamente conmigo.

Pero estos espacios de libertad también son necesarios. Y son mis primeros pasos. Y me siento feliz, aunque al darme cuenta he sentido ganas de llorar.

Quizás siento que es tarde, pero en realidad este es mi momento. Ningún momento de mi vida ha sido tiempo perdido, porque todo ello ha formado parte de mi aprendizaje.

Y doy gracias por cada momento, incluso por cada error, por cada lágrima… Y doy gracias por todas las personas que la vida ha puesto en mi camino para enseñarme y para ayudarme, de una u otra forma.

Ayer una amiga me dijo (me repitió) que si todavía no era consciente de todo lo que había conseguido este último año… Y no entraba en lo profesional, ella entraba en lo personal. Cito textualmente esta última frase que me dijo: “… y lo mejor de todo es que ya no te veo con vértigo de alcanzarlas. Sigue Tere, no pares ni mires atrás, es tu momento. Disfruta. Te quiero mucho amiga”

Otra me dijo que me conoció en el evento del año pasado y que ahora me ve “volando”.

Y sus palabras retumbaron en mí.

Y retumbaron tanto que me visualizaba así, volando y consiguiendo todo lo que quiero conseguir.

¿Y sabes qué?

Que ahora no sé lo que quiero conseguir.

Sólo sé que estoy haciendo lo que me gusta, y que por primera vez en mi vida, mis actos los dominan mi corazón.

Es extraño explicarlo… pero mi instinto me hace lanzarme a esto y a aquello… Y mi mente va detrás intentando hacerlo. Y lo hago.

Y esto me está sorprendiendo, y me hace desgastarme mucho, y tener miedo… pero luego, detrás de todo ello… está una inmensa felicidad.

La felicidad de hacer lo que me hace feliz.

Vivir disfrutando.

Eso es lo que quiero, y ese es el legado que quiero dejarles a mis hijos.

Pocas horas después de escribir esto ya estaba en la presentación del libro “Cría como puedas” de Carlos Escudero y Cristina Quiles (Libro que te recomiendo, por cierto). LLegué allí sola porque decidí hacerlo así, y me sentí feliz. Y una vez allí, me sentí también arropada… Y pensé “qué suerte tengo”. Y seguimos compartiendo momentos, ya acompañada de personas maravillosas que la vida ha puesto en mi camino. Y disfruté cada segundo. Lo disfruté muchísimo, tanto, que en un post a parte te explicaré cómo viví el día siguiente: el MbDay19. Porque eso necesita un post solo para ello.

Y sólo me queda despedirme diciendo… Gracias, vida.

Besos infinitos,

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